Parte 1.
Era el verano del 2008 cuando un chico con el pelo moreno y
corto, paseaba en su bicicleta por medio de Seúl. Ese día hacía un poco más de
calor de lo habitual. Ese día había quedado con sus amigos para ir a la playa. Recientemente
había dejado a la chica que había sido su pareja por tres largos años y no
tenía ganas de quedar con nadie que no fuese sus amigos. Ellos le habían
ayudado a que él se olvidase de aquella chica que lo había estado martirizado
durante su relación. Cuando estaba esperando a que el semáforo se pusiera verde
para poder cruzar, una chica se puso a su lado. La miró de refilón y supo que
era amiga de su ex novia. Apartó la mirada para que no tener que hablar con
ella pero el semáforo tardaba en ponerse en verde.
Cerca de ese lugar, una chica con el pelo castaño pelirojo y
largo se estaba arreglando para salir con sus amigas. Se puso sus sandalias
favoritas, cogió su bolso y salió de su casa para encontrarse con sus amigas.
Cada vez que quedaba con sus amigas, se lo pasaba tan bien que se olvidaba de
lo que pasaba en su vida. Antes de salir por la puerta, miró hacia el salón
donde se encontraba su padre bebiéndose una cerveza. Suspiró y sin decir nada
más, salió. Se puso los cascos en el ascensor y empezó a escuchar su grupo
favorito. Extrañaba la vida de antes pero debía ser fuerte. Corrió por la
cuidad con cuidado de que no se levantase el vestido y se reunió con sus amigas
en el parque de esa gran cuidad.
Lee Chang Seon seguía paseando por la cuidad y con forme se
iba acercando a la playa, pedaleaba más rápido. Al ver sus amigos en la playa
con una pelota de futbol, frenó. Uno de ellos se acercó a un grupo de chicas
que llegaban a ese grupo de chicos. Su vista se fijó en la chica que iba la
última. Tenía el pelo largo y castaño pelirrojo, la piel era blanca y fina pero
lo que más le llamó la atención, fueron sus labios. Aquella chica miró hacia
donde él se encontraba.
-¡Eh, Chang Seon! ¡Acércate! – Le dijo uno de los amigos de
él abrazado a una de las chicas.
El chico moreno movió su cabeza para deshacerse de los
pensamientos que estaba teniendo y lo que ella le provocaba cuando le había
mirado. Mientras que sus amigos intentaban ligar con aquel grupo de chicas
Chang Seon se acercaba lentamente. Sabía que una de ellas era prima de su mejor
amigo pero nunca la había conocido. Se reunió con sus amigos y se pusieron a
jugar a futbol junto a las chicas. Pero una de ellas se apartó. No le gustaba
aquel deporte ya que por su culpa, siempre había tenido lesiones.
-¿No juegas? – Le preguntó una voz. Miró al receptor de las
palabras.
-No suelo jugar al futbol. ¿Y tú? – Respondió con una
sonrisa y haciendo un poco de espacio en la roca en la cual, estaba sentada.
-Hace mucho calor para ponerse correr, prefiero bañarme en
el mar – rió un poco tocándose el pelo.
-Creo que no nos hemos presentado – dijo sonriendo aún y
estiró el brazo para darle la mano. – Me llamo Han Sun Hwa pero me puedes
llamar SunHwa.
-Encantado, yo soy Lee Chang Seon pero me dicen Chang Seon –
estrechó la mano de la chica mientras le devolvía la sonrisa.
Al tocar sus manos, sintieron el calor del otro. Como había
pensado, la piel de aquella joven era suave. Se tuvieron mirando sin soltarse
de la mano varios minutos. En los ojos de ella podía ver que algo le pasaba y
ella pudo ver en los ojos de él que estaba triste por algo. Los amigos de ambos
les miraban con una amplia sonrisa. Después de un rato, se soltaron y caminaron
por la orilla mientras que se contaban lo que le gustaba a cada uno.
Había pasado unas semanas desde que se conocieron. Esa
mañana, SunHwa estaba en su instituto recogiendo sus cosas tranquilamente. Ese
día había quedado con Chang Seon para dar una vuelta por el centro de la
cuidad. No sabía por qué pero estaba ilusionada por aquella “cita.” No podían
decir que era una cita pero parar ambos
chicos era una quedada de amigos. En ese poco tiempo se había conocido bastante
y se conocían bastante bien.
Mientras que SunHwa corría para llegar a la quedada, Chang
Seon la esperaba en el parque. No estaba solo, sino con una chica. Era una
compañera de clase pero él parecía muy serio mientras hablaba con ella.
-No, no cambiaré de idea. Así que puedes irte – le dijo él
levantándose del banco.
-Pero… es tu oportunidad para poder hacer lo que te gusta.
Es mejor de despreciar esto – le aconsejó la joven.
-He dicho que no y ahora vete, he quedado –le dio la espalda y luego se puso
las manos en las caderas.
-No seas tonto anda – se levantó lo abrazó por la espalda.
Él se deshizo del abrazo, cogió sus cosas y se marchó de ese
lugar. Con forme salía del parque vio a SunHwa que llegaba corriendo. Se le
quedó mirando cuando vio que llevaba el uniforme de la escuela.
-Siento llegar tarde, pero los semáforos no se ponían en
verde – se excusó ella. - ¿A dónde vamos a ir?
-Te va a encantar pero… - miró al cielo - ¿has traído
paraguas?
-¿Eh? – Dijo ella sin entender.
-No tardará en llover. Debemos darnos prisa para no mojarnos
– le sonrió.
Ella asintió con una amplia pero no tardó la lluvia en
amenazar a los transeúntes de las cuidad. Se podía ver como todas las personas
que paseaban por el centro corrían hacia los lugares donde podían resguardar de
aquel repentino chaparrón. Los dos jóvenes corrieron hasta la casa de Chang
Seon ya que estaba solo y sabía que sus padres tardarían en llegar. Nada más
llegar, decidieron secarse. Él le dejó ropas y algunas toallas. Después se
acercó a la habitación donde él dormía y donde se estaba cambiado. Al abrir la
puerta, vio que sólo llevaba los pantalones del pijama y tenía la camiseta en
los brazos. Algo impedía que pudiese apartar las vistas de su torso musculoso.
Se fueron acercando lentamente hasta que se fueron en un
beso cálido y lleno de amor. El joven universitario tumbó a la joven en la cama sin quitar su vista de
ella. La joven castaña le volvió a besar con más pasión y metió las manos por
debajo de la camiseta.
-SunHwa… -susurro él mientras la tomaba de su mejilla y la besaba
tiernamente.
Él empezó a dar pequeños besos por detrás del oído bajando
despacio por su cuello. Ella suspiraba a
cada contacto de los labios del joven en su blanca piel.
-No…esto no está bien…yo… - comenzó a decir. Chang Seon le
puso un dedo en los labios.
-Déjate llevar… - le dijo para después besarla de nuevo.
Lentamente se fueron despojando de sus
ropas hasta quedar completamente desnudos los dos. Él se quedó perplejo mirando
a la joven que tenía debajo. Era hermosa, tal vez más que la más bella de las
diosas. Sus curvas marcadas y sus senos lo volvían loco. También le provocaron
ternura sus mejillas completamente rosadas por el pudor pero aun así se dejaría
llevar por él.
Él comenzó a besarle el cuello y a
bajar por él hasta llegar a sus senos. Besó uno de ellos y ella gimió ante la
sensación. Lo introdujo en su boca y lo exploró completamente con su lengua.
Ella no podía reprimir sus gemidos de placer. Hizo lo mismo con el otro y
sentía como el frágil cuerpo bajo de él, temblada de goce. Pero ambos deseaban
más y sus intimidades comenzaron a llamarse. Sus cuerpos se movían agitados. Él
sentía que estaba listo para entrar en ella y ella quería recibirlo dentro de
ella. Las piernas de la ojiverde rodearon la cintura del joven. Sentía como
ella se aferraba más a él ansiándolo. Sentía su respiración fuera de control.
Sin poder resistirse más, comenzó a introducirse en ella.
-Ahh…Chang Seon… - gimió ella.
-Llámame Joon… – le dijo en el oído
sensualmente y le mordió el lóbulo de la oreja.
-Sí… - su respiración estaba fuera de
control.
El joven universitario comenzó a
embestirla con fuerza. Las piernas de la joven se enroscaron más en su cintura.
Y él entró por completo en ella. Ella gemía de placer y sus manos se aferraban
más a la espalda del joven. Sentía escalofríos al sentir que los dedos de SunHwa
que recorrían su espalda. Se volvieron a besar buscando el contacto de ambas
bocas. Abrieron más las bocas para que las lenguas pudiesen jugar entre ellas y
enroscarse. La ojinegro ya no recordaba cómo era aquella sensación que estaba
recordando en ese momento.
Él enredó sus dedos en el cabello de
ella profundizando aquel beso. Ella no podía parar de gemir en los labios de
él. Hasta que él lo sintió. Un escalofrío en su bajo vientre, y la exquisita
sensación de dejar un poco de sí en ella. Ambos gimieron con fuerza llegando al
clímax. Ella le clavó las uñas en la espalda del joven en el último momento del
gemido. Él comenzó a salir lentamente.
Joon se había tumbado al lado de la
castaña y ella miraba al techo mientras intentaba recuperar el aire. Se tapó
con las sabanas y luego se puso de lado. No podía creerse que se hubiera
acostado con aquel que consideraba su amigo. Cerró los ojos intentando borrar
lo que había pasado.